viernes, 12 de junio de 2026

UNA VOZ DE LA RESILENCIA SILENCIOSA

POR.JENNIFER ALAYO VÁSQUEZ

Vendedora de pescado muestra sus productos


En el terminal pesquero ACOMIPOMALER, dentro del mercado de Piura, las ventas handejado de ser seguras y el tiempo parece avanzar más lento. Entre baldes y hielo, Hayde  Castillo Aguirre (68), observa cómo su rutina de más de 40 años se ha transformado en una lucha diaria contra el declive económico que golpea a la región.

Hayde no necesita estadísticas para explicar la crisis. La siente cada mañana, cuando abre su puesto y los clientes no llegan como antes. “Esto ha cambiado bastante”, dice, mientras ordena el pescado con la misma disciplina de siempre, aunque ahora con menos prisa.

Durante décadas, su trabajo fue constante, la clientela era fija y el movimiento continuó. Pero en el último año, la situación comenzó a deteriorarse. Uno de los golpes más duros llegó con la remodelación de la avenida Sullana, ubicada justo en el exterior del mercado, las obras, iniciadas a mediados del 2025, prometían mejorar el acceso y modernizar la zona. Sin embargo, durante meses, lo que trajeron fue desorden. Calles cerradas, polvo, ruido y dificultades para ingresar al mercado alejaron a los compradores. Para muchos comerciantes, ese periodo significó una caída abrupta en sus ingresos.

Para Hayde, fue uno de los momentos más frustrantes de su vida laboral. “La gente no quería entrar, todo estaba complicado”, recuerda. Cada día sin ventas suficientes era una preocupación más. El problema no era únicamente la obra, era también el contexto. La economía en Piura y así como en el país ha venido debilitándose: el costo de vida en aumento, menor capacidad de gasto en las familias y dificultades en sectores clave como la pesca, y todo esto se reflejaba en el mercado.

Sin embargo, la reciente apertura de la avenida Sullana, hace casi dos meses, ha traído un leve respiro. El acceso ha mejorado y algunos clientes han comenzado a regresar. Pero la recuperación es lenta. “Ha mejorado un poco”, dice Hayde, con cautela. Porque sabe que no basta con una calle nueva para recuperar lo perdido.

La historia de Hayde revela algo más profundo que una caída en ventas: muestra la fragilidad de la economía cotidiana. Aquella que no aparece en grandes titulares, pero que sostiene a miles de familias. Cada jornada incierta es una prueba. Cada cliente que no llega, una señal de alerta. Y cada esfuerzo por mantenerse en pie, una forma de resistencia.

En Piura, la crisis se vive en los mercados, en los pequeños negocios, en personas como Hayde que, pese a todo, no consideran rendirse. La economía local necesita algo más que infraestructura, necesita volver a conectar con su gente. No se trata solo de vender, sino de atraer nuevamente a la comunidad esto como alternativas de solución como por ejemplo; ferias gastronómicas, campañas que promuevan el consumo local y actividades que conviertan al mercado en un punto de encuentro pueden devolver el flujo perdido.

Al mismo tiempo, los comerciantes podrían encontrar nuevas oportunidades si se integran a herramientas digitales sencillas, promocionando sus productos en redes sociales o coordinar ventas por delivery permitiría ampliar su alcance, incluso en momentos de baja afluencia presencial. Pero también es clave el respaldo institucional. Apoyos económicos temporales o microcréditos para quienes fueron afectados por obras prolongadas ayudarían a estabilizar negocios que, como el de Hayde, dependen del ingreso diario. A esto se suma la necesidad de articular mejor el sector pesquero, garantizando precios justos y una cadena más equilibrada.

Al final del día, Hayde recoge su puesto con la misma calma de siempre. No sabe cómo será mañana, pero sabe que volverá. Porque mientras Piura busca recuperarse, son personas como ella las que, desde lo más simple, sostienen la esperanza de toda una ciudad.

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